RIESGO CERO

METRO DE BARCELONA

En esta complicada y frenética época golpeada sin descanso, azotada por el impacto de una pandemia de escala global, acompañada del martilleo constante de múltiples medidas sanitarias, políticas y económicas, y dónde vemos cómo a diario se continúan erosionando los principales derechos y aspiraciones de la clase trabajadora; es y continuará siendo un deber ineludible de la clase trabajadora permanecer siempre alerta ante los profundos cambios que se suceden velozmente en nuestras relaciones laborales, económicas y sociales, así como su afectación y gestión en todas nuestras relaciones con el medio en que nos desarrollamos.

Bajo el paraguas del actual marco jurídico y la aplicación de las diferentes iniciativas políticas en la lucha contra la pandemia, se ha permitido la implantación primero, y la justificación después, de una serie innumerable de medidas de suspensión de derechos fundamentales, dirigidas en principio para frenar el contagio. La manifiesta ausencia de verdaderas políticas en materia de prevención con fuertes fundamentos científicos, choca de pleno contra una realidad en que se nos pretende imponer un discurso neutro en el cual el virus no entiende de desigualdades de clase.

Fuente: El Salto

Es evidente que el impacto causado por este azote de hoy acentúa toda desigualdad previa, y afecta en mucha mayor medida a la clase trabajadora en toda su diversidad, y por ello es necesario permanecer alerta ante la exhibición de fuerza y contrarrestar aquellos efectos que sufrimos como trabajadores, en todo lo posible y siempre que esté en nuestras manos. Un claro ejemplo de ello son la ingente aplicación de medidas reguladoras sobre aquellos sectores considerados principales focos de contagio y centrados sobre todo en el ocio (bares, restaurantes, discotecas, reuniones familiares…) o su consumo cultural (cines, teatros, museos, centros comerciales,…), y la notoria ausencia de los mismos en el propio sistema productivo del que formamos parte. Será que la clase trabajadora se contagia siempre relajada tomándose unas birras, un surtido variado de sushi, o en el cumpleaños del abuelo, pero jamás en los desplazamientos enlatados en el transporte público cuando se dirigen a sus respectivos empleos.

No nos engañemos, como trabajadoras de Metro conocemos de primera mano cómo el desarrollo de nuestra actividad laboral en un sector considerado esencial en todo decreto ley entraña una serie de riesgos inherentes. Riesgos que no olvidemos hemos conseguido minimizar gracias a nuestra responsabilidad y profesionalidad, a pesar de las básicas normas de prevención implantadas en el desarrollo diario de nuestras funciones, a golpe de gel de manos, y desgastadas mascarillas alargadas hasta su descomposición en nuestro uso diario, y todo ello conseguido incluso ante la insuficiencia de medidas suficientes o tras la supresión de alguna de las implantadas con anterioridad. También conocen bien ese riesgo nuestros familiares y amigos, y todas nuestras relaciones sociales que se han visto afectadas al continuar con nuestro propio ejercicio de responsabilidad individual en nuestra vida privada.

Pero llegados a este momento, es hora de aplicar en nuestro día a día la recomendación con la que empezábamos, protegernos como clase y empezar a vigilar a los vigilantes en todas aquellas pequeñas áreas de influencia individual, y asumir que con los precarios medios de los que disponemos, si no van acompañados de medidas de mayor calado en el desarrollo de nuestra actividad diaria, se podría estar asumiendo un riesgo innecesario en nuestros puestos de trabajo.

Y afirmamos esto en consecuencia, tras valorar detenidamente la evolución reciente de nuestro día a día en diferentes áreas, aunque nos centraremos de momento y a modo ilustrativo en varios ejemplos cotidianos en explotación.

Desde el aumento de la oferta el pasado mes de septiembre, se ha observado un aumento innecesario de la movilidad de los AAC que se traduce en interminables traslados que, además de rayar la improductividad, dispara la posibilidad de exponer a un riesgo grave a la propia plantilla.
Esta modificación en los parámetros de movilidad no es una situación que nos sea desconocida, y aunque ya ha existido previamente y tengamos una opinión bien formada sobre la estrategia subyacente al respecto, sí que creemos que raya la inmoralidad en las circunstancias actuales, y por eso recomendamos desde aquí a los responsables una acción enérgica encaminada a minimizar todo riesgo grave e inminente. Este aumento de los desplazamientos se da en todas las líneas turnos y horarios, hasta el punto que existen situaciones concretas dónde, a causa de la organización actual del trabajo, ya no es posible actualmente seguir las recomendaciones básicas de autoprotección: viajes en testera contraria ya ocupada por compañeros en las mismas circunstancias, relevos sin poder mantener la separación física mínima entre trabajadores y viajeros, o servicios de maniobras sin la dotación de desinfectante necesaria para limpieza del pupitre, sin ir más lejos.

Por ello, exigimos una racionalización en los servicios encaminada a eliminar todo riesgo para la plantilla, reducir los traslados, y eliminar toda situación de riesgo existente y detectada en beneficio de la salud de la plantilla. Asimismo, recomendamos a todos los trabajadores que, primero no asuman ningún riesgo innecesario de forma voluntaria; y segundo, de tener alguna duda concreta en el desarrollo de sus actividades que pueda ser considerada una exposición a un riesgo grave e inminente tal y como recoge la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, manifiesten sus inquietudes a sus superiores en busca de la información necesaria y la adopción inmediata de las medidas de protección oportunas.

Artículo 21. Riesgo grave e inminente.

1. Cuando los trabajadores estén o puedan estar expuestos a un riesgo grave e inminente con ocasión de su trabajo, el empresario estará obligado a:

a) Informar lo antes posible a todos los trabajadores afectados acerca de la existencia de dicho riesgo y de las medidas adoptadas o que, en su caso, deban adoptarse en materia de protección.

b) Adoptar las medidas y dar las instrucciones necesarias para que, en caso de peligro grave, inminente e inevitable, los trabajadores puedan interrumpir su actividad y, si fuera necesario, abandonar de inmediato el lugar de trabajo. En este supuesto no podrá exigirse a los trabajadores que reanuden su actividad mientras persista el peligro, salvo excepción debidamente justificada por razones de seguridad y determinada reglamentariamente.

c) Disponer lo necesario para que el trabajador que no pudiera ponerse en contacto con su superior jerárquico, ante una situación de peligro grave e inminente para su seguridad, la de otros trabajadores o la de terceros a la empresa, esté en condiciones, habida cuenta de sus conocimientos y de los medios técnicos puestos a su disposición, de adoptar las medidas necesarias para evitar las consecuencias de dicho peligro.

2. De acuerdo con lo previsto en el apartado 1 del artículo 14 de la presente Ley, el trabajador tendrá derecho a interrumpir su actividad y abandonar el lugar de trabajo, en caso necesario, cuando considere que dicha actividad entraña un riesgo grave e inminente para su vida o su salud.

3. Cuando en el caso a que se refiere el apartado 1 de este artículo el empresario no adopte o no permita la adopción de las medidas necesarias para garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores, los representantes legales de éstos podrán acordar, por mayoría de sus miembros, la paralización de la actividad de los trabajadores afectados por dicho riesgo. Tal acuerdo será comunicado de inmediato a la empresa y a la autoridad laboral, la cual, en el plazo de veinticuatro horas, anulará o ratificará la paralización acordada.

El acuerdo a que se refiere el párrafo anterior podrá ser adoptado por decisión mayoritaria de los Delegados de Prevención cuando no resulte posible reunir con la urgencia requerida al órgano de representación del personal.4. Los trabajadores o sus representantes no podrán sufrir perjuicio alguno derivado de la adopción de las medidas a que se refieren los apartados anteriores, a menos que hubieran obrado de mala fe o cometido negligencia grave.

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